Unanimidad viene de anulación…

por el 12/05/18 at 6:30 pm

Nunca una unanimidad fue tan trabajada, pero lo ocurrido en la Cámara de Diputados el pasado miércoles tiene su explicación en los oscuros recodos de la táctica política, es decir, la guerra por otros medios, parafraseando a von Clausewitz.

La Ley de Partidos es aborrecida por todos los actores políticos, aunque digan lo contrario. Nadie quiere que le impongan trabas a un ejercicio, el de los partidos y la política nuestra, que se hace como animal suelto en una sabana.

Por eso, aunque no lo digan, todos conspiran contra el propósito esencial que no es otro que equilibrar el campo de juego electoral por medio de controles al financiamiento, a los métodos de elección y al gasto electoral, entre otros aspectos.

Hizo falta una guerra interna en uno de los partidos mayoritarios, que se reflejó en el principal partido de oposición, para que estallara la conflagración.

En una primera etapa se estableció un pulso en el que todos midieron sus fuerzas y los más chiquitos (no son “emergentes”, sino tradicionalmente pequeños), pidieron ser sacados de la pelea. La medición de fuerzas llevó a alianzas coyunturales para frustrar intentos. Probado el hecho de que ambos podían anularse en el proceso legislativo, vino la tregua en forma de envío a comisión.

No piense nadie, sin embargo, que la cosa quedará ahí. El proceso está diseñado para que se agote todo el plazo posible de aplicación de la nueva norma, incluyendo su paso por el Tribunal Constitucional, de modo que casi se puede predecir el artículo transitorio que llevará la ley para que no sea aplicada en los comicios del 2020.

La única forma de que se cambien unas reglas de juego que los ha beneficiado a todos, es a través de un fuerte movimiento popular…

atejada@diariolibre.com

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