30 Octubre 2009 - 10:09 amAM.-Candidaturas reservadas

La práctica de reservar candidaturas no es mala en sí misma y es una práctica habitual en los sistemas políticos, pero cuando esta decisión afecta un considerable número de candidaturas, entonces la cosa toma otro cariz.

En los sistemas parlamentarios, por ejemplo, la candidatura del líder del partido se reserva en un lugar donde vaya a ganar seguro, para garantizar su presencia en el parlamento. Lo mismo podría decirse que sería razonable con partidos pequeños, por idéntica razón.

Pero cuando en un partido mayoritario se reservan tantas candidaturas vitales, lo que busca es suplantar el deseo de las bases por la voluntad o el dedo del líder.

No se puede justificar la decisión en el voto de un organismo partidario, porque la trampa está ahí: ¿quiénes será los posibles beneficiarios de esas candidaturas? Muy probablemente, la elite partidaria que controla esos organismos. Es decir, son jueces y partes.

Lo razonable sería que todas las candidaturas, excepto unas pocas, se sometan al escrutinio de las bases del partido, que son las que, al fin y al cabo, van a votar, pero -y esa es la perversidad del arreglo- las elites saben que las bases votarán por ellos embelesadas por la promesa de las ventajas económicas que podrían otorgar desde una posición de gobierno.

O sea, que las candidaturas reservadas no son más de que un afianzamiento de la cultura paternalista que impregna la política dominicana y, de paso, el control del líder sobre el partido.

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