26 Enero 2012 - 7:33 amAM.-Sentencia medieval
En una sociedad con una cultura autoritaria como la nuestra, que un juez le cante pena de prisión a un periodista por una supuesta difamación a un ciudadano, logra el aplauso de mucha gente. Pero es un error.
El ofendido por un escrito periodÃstico o por las expresiones dichas a través de la radio o la televisión tiene todo el derecho del mundo de buscar que su honor sea resarcido. La mejor forma de hacerlo es por medio de una indemnización y el desmentido del medio, pero nunca con prisión.
La prisión no fue diseñada para los delitos de pensamiento y a quienes más les gusta usarla es a los dictadores. A los viejos y a los de nuevo cuño. En una democracia lo que debe existir es un “mercado de ideas”, donde se debatan los conceptos en plena libertad.
Además, la tendencia es a la despenalización de los delitos de prensa.
La libertad de expresión es considerada un derecho “sombrilla” porque protege a todos los demás.
¿Por qué se sabe que se cometió un crimen, se descubre un acto de corrupción, o se protege a un inocente? Porque la prensa lo da a conocer, porque lo lanza al “mercado de ideas”, para que no pueda quedar impune.
Los periodistas no tienen licencia para difamar y existen lÃmites en su profesión. No están por encima de la ley.
Pero condenar a un periodista a prisión y multa, como acaba de ocurrir con Johnny Alberto Salazar, en Nagua, es una aberración, digna de una sociedad medieval y no de una que aspira a vivir en democracia, en un “mercado de ideas”. Anulen eso.
atejada@diariolibre.com
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